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Full text of "Caras y caretas n16 2 11 1890"

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CARICATURAS CONTEMPORÁNEAS 


DOCTOR CARLOS MARIA DE PENA 


I ws 
Ht 16 ^ 

2 de Noviembre de 1890 


u» *■* 


MOfflCTIOEOrOEPARTANENras 


Un mes 
Seis meses 
Un año 


lente.con el aumento de! Franqueo 
Rúraerocomente 30centesimos Oúmero atrasado 60ceatesimos 

-DEVENTA EN LAS PRINCIPALES LIBRERIAS- 
* SE PU B LJjCA. LOS DOMINGOS • 

OFICINA: Galle Andes 275taltos) 
MONTEVIDEO_. 


—¿Por qué—dirá algún camueso— 
gozó poco la prebenda 
de ser Ministro de Hacienda, 
siendo hombre honrado y de seso? 
—¡Precisamente por eso! 


Ninguno me negará 
que el caballero que aquí, 
caricaturado eslá, 
es hombre honrado ¡hasta allí! 
y hombre de seso ¡hasta allá! 


IMP. LIT. LA RAZON, CALLE CERRO N. 

























CARAS 


CARETAS 


SUMARIO 


Tkxto—«Z lg-Zag», por Eustaqu’O Pellicer—«¡Aprieta», 
por Si. D.—«Alfileres para corbata», por R. Mo¬ 
nasterio—«Vice-versa», por F. Perez—«El hombre 
según su letra», por M. M.—«Entusiasmo», por 
M. de Arrieta—«Para ellas», por Madame Polis- 
son—«¡A dónde vás!», por L. Silva—«Teatros», por 
Callban—«Ocurrencias», por Amado Castillo—«Un 
cuento inocente», por Justino Velasco—«Por el 
correo», por Chimango—«Sport», por Pió—Menu¬ 
dencias. Correspondencia particular. Espectácu¬ 
los. Avisos. 

Grabados— Doctor Carlos M. de Pena—69 Legislativo— 
Y varios, intercalados en el texto y avisos, por 
Schiitz—Marcos zapata, dramaturgo español, por 
Heráciito. 


Z/& 


ma ni vuelta eu riguro- 
80 * uto uos embarga el 

que nos conduzca á casa 
■■■mi de Enrique Torres, Depo- 

sitario Judicial de todo lo 

■■HUI La memoria de los que 

fueron, es la causa de que 
BI3UR nos veamos así, desde que 

el tañido lúgubre de las 
: , campanas anunció la fios- 

i Ayer nos hemos pasado 
k 2 |nmyUk todo el dia pensando en lo 
deleznable que es la exis- 
tencia y en que estamos á 
fin de mes y hay que pa¬ 
gar la casa. 

La verdad es que no somos nada en este 
mundo. 

Cuando creemos empezar á vivir, porque la 
experiencia nos permite apreciar los atracti¬ 
vos de la vida, viene la vejez, del brazo con la 
muerte, y ¡ahí te quedas, mundo amargo! 

Esto, sí en la juventud no se tiene la desgra¬ 
cia de ser funcionario judicial y de hacer no¬ 
tificaciones á personas de génio ágrio como el 
General Belen, pues sabido es que si uno no 
muere, se queda con la cara torcida para una 
porción de años. \ 

También puede ocurrirle al mortal, si es di¬ 
putado, recitar algún trocito del Dante y bus¬ 
carse la fosa en un segundo. 

¡Quien es capaz de proveer los peligros que 
constantemente acechan nuestra vida! 

A lo mejor nos encontramos con alguien que 
nos dice: 

—Se acuerda de aquel guardia civil tan ro¬ 
busto que solia estar de facción en la calle de 
usted) 

—Sí que me acuerdo, j r--i p-~- 

¿qué le ha pasado? / i#¡ ¡T ¡2 

—Pues que se murió Sm U 

ayer de hambre. «¡{[AC iSviúñl I H 

—¡Canario! +\!; jf MW-d .<■ 

—Y me dicen que hay , ¡\VV 3 j — I ' * 1 |§§ 

otro muy grave de resul-:—— Ja. ¡t V r¡ 

tas de haberse comido un ^ i 

kepí con visera y todo. ~ LlL. 

—¡Pobre hombre! y . . 

—Así es la vida,amigo. " 

—Así es el proveedor de víveres, querrá us¬ 
ted decir. 

Del polvo hemos venido y al polvo hemos de 
volver. ¡Este mundo no es mas que una polva¬ 
reda! 

Si á esto se añade que aqui, sobre ser de pol¬ 
vo, sufrimos los barros del Gobierno, resulta 
que, de personas, estamos descendiendo á la 
simple categoría de adobes vivientes. 

Por aso se esplica que se deshaga la gente 
con tanta facilidad y que nos júnteme» tantos 
á llorar la pérdida de seres queridos. 

¡Qué espectáculo triste, el que presentaban 
ayer los cementerios! 

Después de los proyectos de don Alcides no 
hay nada que conmueva mas. 

Aquí, un yerno que llora la muerte, poco tem¬ 
prana , de su mamá política; allí, un casero que 
solloza ante la tumba del inquilino que se le 
fué á la morada eterna sin pagar la que le 
alquiló. 


Por todas partes se - rv 

veían ojos enrojecidos y 4%, 

levitas negras, bastante 
bien conservadas. 

Se nos ocurrió excla- y ! Á 

mar ante una tumba: ¡J \ n V aff M"/©» 

—¡Tengamos vanidad, (¿j |T y\ 
para que luego nos co- tr 
man los gusanos! J/V^/. NT 

Y un guardia que lo'\^-®iJ V/j/ 
escuchaba, se apresuró á ^ 
observarnos: 

—¡Dichosos ellos que comen! Mas vale ser 
gusano que Guardia Civil en esta tierra. 

Hay muertos que tienen mucha suerte, si 
cahe decir eso del que se vé en estado de ca¬ 
dáver. 

Además del lujoso sepulcro, cuentan con va¬ 
liosas ofrendas de sus deudos, ya reprensenta- 
das en coronas de mucho precio y de mucho 
trapo; yá en ricos tapices que prestan abrigo 
á los mármoles fríos; ya en otros objetos, á ve¬ 
ces poco simbólicos, pero siempre útiles para 
justificar que el finado no pertenecía á una 
familia cualquiera. 

Entre los adornos de sepulcro que han lla¬ 
mado nuestra atención este año, recordamos: 
una cigarrera de metal blanco, con incrusta¬ 
ciones de marfil (para dar á entender que el 
muerto tenia el vicio de fumar, antes de ser 
muerto, por supuesto); un reloj despertador 
con peana de ágata, (nos pareció de poca cam¬ 
pana para despertar de su sueño al di funto): 
una escribanía de bronce cincelado (por si el 
finado quería decir cómo le iba por allá); una 
marinado De-Martino (¡para pinturas estaría 
el esqueleto!) y una cruz hecha con libras es¬ 
terlinas (¿tendría cuenta especial el extinto?) 

Esto y las inscripciones que se ven en cier¬ 
tas lápidas le hacen apetecer la muerte al mas 
conservador de si mismo. 

«En el cielo tio mió 
do moras desde tu muerte 
tienes la suprema suerte 
que aquí nadie ha conseguido.» 

El verso es malo, y mas lío que el difunto 
resulta ser el poeta, pero dice una gran ver¬ 
dad, porque, aquí, nadie ha conseguido tener 
suerte desde Marzo hasta la fecha. 

Vimos sobre una cruz la siguiente máxima, 
ó lo que sea: 

¡No aceleres el paso y piensa en que me has de 
acompañar! 

¡Qué cosas se les ocurren á los filósofos de 
testamentaria! ¿Quienes son ellos para obligar¬ 
nos á caminar despacio y á pensar en que ha¬ 
gamos compañía á un despojo? 

Otro rotulito: 


«En Julio nació, 
y en Julio murió, 
por que el mes de Julio 
Diosle destinó. 

Año de 18S9.» 


Si el muerto se espera un año mas, hubieran 
podido ponerle la cuarteta en esta otra forma: 
En Julio nació 
y en Julio se vá, 
por no ver á Julio 
lo torpe que está. 

¿Y las inscripciones que buscan el efecto en 
el laconismo? 

¡¡Ay!! se leía simplemente en algunas losas; 
por cierto que mas de una vez nos hizo pedir 
disculpas esa exclamación, pues como la oyé¬ 
ramos deboca de alguna mujer que estuvieraá 
nuestro lado, se nos ocurría decirla enseguida: 

—¿La he pisado señora? 

—No señor es que estoy leyendo lo que dice 
esa sepultura. 

Este año se ha observado menos concurrencia 
de deudos en los cementerios y es que indu¬ 
dablemente empiezan á sentirse los efectos de 
Tránsito. 

Ahora solo se mueve el que no quiere moles¬ 
tarse en visitar al Santo moreno,, ó elque.se 
mete á ser guardia civil no teniendo la cos¬ 
tumbre de nutrirse con aire puro. 

A seguir la mortalidad disminuyendo como 
de dos meses á esta parte, el año que viene so¬ 
lo tendremos tres nuevas tumbas que visitar: 
la de la Compañía Nacional, la del Banco del 
mismo apellido y la de las minas de Cuñapirú. 

No agregamos á estas tumbas la de la Lega¬ 
lidad Electoral por que no digan VV que te¬ 
nemos por nueva la tumba mas vieja del pais. 


Apropósito de las legalidades electorales: 
Busca para los ratones 
algún nuevo cazador, 
porque, ya sabes, lector, 
que en época de elecciones, 
todos esos animales 
se burlan de cuanto vén, 
por estar los gatos en 
las urnas electorales. 

Eustaquio Pellicer 





Hprieta! 


Por apretar mi mano con tu mano 
En dulce juramento, 

Hubiera dado yó, cuando te amaba. 

Mi paz y mi sosiego. 

Por apretar tu mórbida cintura 

Entre mis brazos trémulos, 

Dado hubiera los años de mi vida 
Que estuve de tí lejos. 

Por apretar tu frente con mis labios 
En uno y otro beso, 

Hubiera, dado las soñadas glorias 
De mis alegres sueños. 

Y hoy, que al mirarte profanada y fea 
Tu ingratitud recuerdo, 

No puedes calcular lo que daría 
Por apretarte.... el cuello. 

M. D. 



Hlfikres... 

PARA l_AS CORBATAS 

Juana, rubia muy barbiana,—tiene por amante á 
Gil,— chico que arde en un candil-»—y primo carnal de 
Juana.—Y según dice la gente,—se aman como man¬ 
da Dios,—y eso que se aman los dos—hasta la pared 
de enfrente.—Juana su pasión conciba—con el can¬ 
dor más hermoso,—y Gil es muy pudoroso—según 
dice su familia.—Si alguna frase insinuante—oyen 
respecto á su amor,—ambos demuestran rubor—como 
haya gente delante.—Juana es chica sorprendente— 
por su gracia y hermosura—v Gil mujr buena figura— 
(mejorando lo presente).—Ella tiene ángel y encanto, 
—Ei, gracejo y cortesía,—y en donaire y simpatía— 
los dos se parecen tanto,—que las gentes se pregun¬ 
tan—si se dijo por los dos—aquel proverbio de «Dios 
los cria y ellos se juntan.»—Y aquí tiene doblemente 
—aplicación el refrán,—porque los chicos están— 
juntos incesantemente.—Sale Juana; al retortero— 
lleva á Gil. Este se vá—á la calle; pues ya está—la 
soga tras el caldero.—Como él es todo prudencia—y 
ella toda castidad,—en completa soledad—suelen 
verse con frecuencia—Los dos estaban, en fin,—una 
tarde de verano,—agarrados de la mano—y solos en el 
jardín.—Ella vestía flotante—bata vistosa y sencilla. 
—El un torno de lanilla—de un corte muy elegante.— 
Prestándose de su amor—entusiasta juramento,— 
juntos tomaron asiento—en oculto cenador.—De 
pronto, Juana da un grito—Gil, asustado—¿Qué es 
ello?—pregunta—¡Que por el cuello—se me ha meti¬ 
do un mosquito!—Y sintiendo odio mortal—contra el 
insecto villano,—Gil introdujo su mano—en busca del 
animal;—pero con tanta torpeza,—tan inquieto y tem¬ 
bloroso,—que aunque en cazar afanoso,—Gil no cobra¬ 
ba la pieza. —Juana auxiliaba el trabajo—diciéndole á 
cada instante:—¡más atrás!—¡más adelante!—¡mas 
arriba!—más abajo!—¡El mosquito no paraba!—y 
cualquiera hubiera dicho—aue aquel demonio de bi¬ 
cho—sabía por donde andaba.—Juana estaba ya im¬ 
paciente,—el mosquito muy picante, —y el buen Gil á 
cada instante—cazaba más torpemente. 

Yo no sé lo que sería—del animal agresor—ni si al 
cabo el cazador—encontró lo que quería.—Por eso 
el final omito,—mas diré que desde aquello—luce 
Gil siempre en el cuello—como alfiler un mosquito— 
Y es cosa ya demostrada—que Juana no puede ver— 
casi nunca el alfiler—sin ponerse colorada... 

R. Monasterio 


© Biblioteca Nacional de España 












CARAS Y CARETAS 


123 



¿Han observado VV. que algunas personas escriben 
las letras muy tumbadas, como si estuvieran á punto 
de caer unas sobre otras? ¿Se han fijado VV. en que 
otros tuercen los renglones? 

Huyan de ellos como de la peste. Esa es gente de 
malas inclinaciones. 

Igualmente debe vituperarse al que necesite fal¬ 
silla para escribir. 

Eso es escribir con andamio ó tener una rectitud 
artificiosa. ¡Nada de artificio! 

Hay quien empieza con claridad y buena letra una 
carta, á medida que avanza en la escritura va hacien¬ 
do garabatos y acaba por no entenderse el final. Esos 
son poco consecuentes. ¡A un lado con ellos! 

Pero el verdadero espejo del alma del hombre es 
su firma. 

El que firma con un apellido sólo, es tan farsante 
como el que firma con dos ó tres nombres y una es¬ 
puerta de apellidos. 

Escribir Fernandez á secas es suponer que no hay 
más que un Fernandez notable, y que todos venimos 
obligados á saber quién es. Y firmarse Juan Pablo 
María Pereira de Montellano y Sansimon es traer por 
testigos de sus actos á todos sus antepasados y a la 
corte celestial. De eso á copiar en la firma la fé de 
bautismo no hay gran distancia. 

Un nombre y un apellido bastan para que cada cual 
se dé á conocer y patentice su personalidad. 

A los que firman con unas confusas patitas de mos¬ 
ca, los comparo yo con los que viajan de incógnito. A 
esos hay que conocerlos por el hierro; no parece que 
tienen nombre, sino mote, y cualquiera diría que tie¬ 
nen algo que ocultar ó vergüeza en decir quiénes 
son. 

Pues hombres de Dios, si no tienen VV. por qué 
esconderse, ¿por qué se tapan tras de un garabato? 

Me voy haciendo pesado’y lo siento. Voy á con¬ 
cluir. 

La rúbrica puede dar á conocer á VV. la profesión 
de cada cual. 

Los dueños de tiendas de sedas usan por rúbrica, 
generalmente, una madejita de algodón de i vintén. 
Parece < 


Viceversa 


Estrella, mi acción perdona; 
por Lucía te dejé 
y hoy tu venganza corona 
Lucia, que me abandona, 
como yo te abandoné. 

La amaba como tú i mi; 
me olvida como á tí yó; 
tarde mi error conocí: 
tú me seguías y huí, 
yo la seguía y huyó. 

Hoy, pensando en tí y en ella, 
en tu pasión y en la mía, 
formulo así mi querella: 
una Estrella me luda 
y una Luda me estrella. 


Vamos hoy á hablar de un asunto que debe intere¬ 
sar mucho á nuestras lectoras, iniciándolas en la mo¬ 
da de los perfumes y en sus nuevos descubrimientos. 
Su uso se remonta á la más lejana antigüedad. Los 
pueblos del Oriente unían al lujo y á la riqueza de los 
trajes la voluptuosidad de los perfumes. Los indios 
hacían de ellos objeto de un comercio importante y 
sus mujeres los prodigaban sobre todo en sus hime¬ 
neos. Las egipcias no podian vivir sin ellos y desde 
la edad más tierna se acostumbraban á impregnarse 
de aromas antes de acostarse. 

En cierta época, en Francia, los perfumes estuvie¬ 
ron en boga El célebre duque de Richelien mante¬ 
nía su desfallecido vigor en una atmósfera artificial¬ 
mente olorosa, y madame de Pompadour se saturaba 
de ellos de tal modo que la etiqueta de la corte pres¬ 
cribía un perfume diferente para cada día. Versai- 
lles se llamaba entonces la corte perfumada. 

De Grosse, de Parmay de Niza vienen las mejores' 
esencias. 

Lo mismo que los trajes, los perfumes tienen sus. 
horas y reclaman cada uno una atmósfera diferente. 
Asi, para los paseos á caballo y al aire libre, pueden 
emplearse sin inconveniente los perfumes tuertes, 
como el jazmín, la Venena, la Imperial Rusa. A! con¬ 
trario, para las visitas y las reuniones intimas, los per¬ 
fumes no deben revelarse sino muy discretamente. 

El heliotropo blanco es el que prefieren las perso¬ 
nas de gusto, como el más suave y el más delicioso, 
á condición de que sea de primer calidad, pues hay 
muchas esencias con este nombre cuyo olor está lejos 
de ser^ agradable. ^ ^ ^ 

en estas ocasiones ’ ji Iv íl ' 'jj/ i 

una almohadilla de í 11 /" _ 

gunas de nuestras 

ren°las emociones 
suaves de la_ Im- 

Fa Mariscala-Du- 


, 0 .M 


€1 hombre se$un su letra 


Sin perjuicio de dar otro dia reglas para poder co¬ 
nocer los hombres á primera vista y sin más que mi¬ 
rarlos á la cara, vamos á presentar hoy las de conocer 
las pasiones según la letra de cada cual, y ron ello cree¬ 
mos prestar un servicio importante, porque eso de 
poder saber quién es Fulano ó Mengano sin necesi¬ 
dad de verles la cara, revela un adelanto científico 
(ó lo que sea), que si no fuera porque la adulación 
propia envilece, habíamos de ensalzarlo con desme¬ 
didos elogios. 

Estas triquiñuelas son muy convenientes para la 
vida social, porque una de las ciencias que hoy están 
más atrasadas es el conocimiento de las gentes, y 
dados los tiempos que atravesamos y como se van 
poniendo las cosas, conviene que antes de pedir un 
peso (que es por donde todos vamos á concluir) se 
sepa á quién se pide. 

Y con esto, ponemos tres estrellitas y entramos en 
materia. 

• • 

A mí dénme VV. para amistad y trato, gente que 
use letra inteligible y clara. 

El hombre que escribe claro está sin remedio ador¬ 
nado de la mejor de las condiciones que es la fran¬ 
queza. 

El que escribe con claridad es porque quiere que 
sepan los demás lo que él pretende decir. 

Todos los que usan letra horrorosa, los que con¬ 
vierten en rasgos arábigos, ó caldeos, ó chinos, los 
modelos de Iturzaeta, son unos hipócritas de los que 
debemos huir. 

Parece que escriben con el único propósito de que 
se ignoren sus intenciones. 

Un hombre que escribe ilegiblemente una carta es 
un hombre que emboza sus ideas. 

¿No estamos en el siglo de las luces? Pues sepa¬ 
mos lo que cada cual piensa. 

Hay quien cree que la letra ilegible es propia de 
los grandes hombres. Eso solo se le puede ocurrir á 
los hombres pequeños. 

De los hombres grandes solo son propios los 
grandes panialones ó los grandes zapatos. 

La letra nada tiene que ver con la estatura. 

Entre la letra menudita* de esa que á primera 
vista parecen _ puntos suspensivos, y la letra grande, 
prefiero esta última. 

Hay quien, para escribir un párrafo corto, necesi¬ 
ta cuatro ó seis cuartillas, como si se tratara de un 
bando que se ha de fijar en las esquinas, pero al fin 
y al cabo, mas pruebas dá de generosidad y rumbo 
el hombre que no escatima el papel que el que le 
aprovecha con exceso. 

No hay hombre que escriba menudito y apretado 
que no tenga algo de mezquino, con sus puntas de 
egoísta y sus ribetes de roñoso. 

La letra grande podrá parecer pedantería portu¬ 
guesa, pero la letra menudita revela una tacañería 
Horrible. Hay prestamista que extiende un recibo en 
el canto de un peso. y se queda con el peso. 


como que han quitado al escudo de Sevilla sus 
armas: la madeja. 

Los escribanos ponen al lado de la firma un signo 
chino, que unas veces quiere imitar un castillo, otras 
un laberinto y siempre el artificio que rodea todos 
sus actos. 

Muchos empleados públicos usan en vez de rúbrica 
una colección de círculos encadenados, que imitan 
cosa así como media libra de buñuelos. 

Otros usan caracoles ó tirabuzones, que no debían 
tolerarse sino á los peluqueros. 

Hay quien se las echa de misterioso y pone tres 
puntos en forma de triángulo. Yo me rio de esos, co¬ 
mo de los que usan barba hasta la cintura. Es gente 
de mucha fachada y poco fondo. 

Hay, en fin, quien debajo de su nombre pone por 
firma una raya horizontal, como si las letras estuvieran 
en un vasar; pero yo prefiero esto á los que encierran 
su nombre en un ovalo, que es como 


ponerse bajo un 


Dime, pues, cómo escribes, y te diré quién eres. 

De esta regla se escapan dos clases de personas. 

Los que no saben escribir, que es como si no qui¬ 
sieran ciar su brazo á torcer. 

Y los escritores de oficio, que siempre presentamos 
á W. letra clara y perfecta, como si la paz y la tran¬ 
quilidad no nos abandonaran. 

Pero ¡si vieran VV. nuestros originales! 

Es decir, ¡si nos vieran VV. por dentro! 

Que es por donde anda la procesión. 

M. M. 


en verdaderos í.i- 

chets. De este modo dejarán á su paso surco delicio¬ 
samente embalsamado. 

Para las comidas deben preferirse los perfumes 
frescos. El medio mejor de emplear la Imperial Rusa 
y el perfume María Cristina sin enconamiento para 
la higiéne, consiste, en impregnar con ellos el cabello. 

Deben también escojerse los perfumes según la 
edad, el temperamento y las condiciones de salud. 


Entusiasmo 


Un pianista renombrado 
á la soirée de Aguilar 
fué atentamente invitado 
y allí interpretó á Mozart. 

Un joven de buen aspecto, 
de entusiasmo poseído, 
al demostrarle su afecto 
lo dejó todo aturdido 
así que le oyó exclamar: 

—¡Bravo! repita, repita; 

¡ah! ¡qué jota tan bonita 
acaba usté de tocar! 


M. de Arrieta 


© Biblioteca Nacional de España 






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Estos que aquí sobresalen 
por su faz archi-horrorosa, 
son ocho hombres que no valen 
para maldita la cosa. 


© Biblioteca Na* 



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El patchoulí debe ser desechado en determinadas 
circunstancias, reemplazándolo ventajosamente por el 
Chipre ó el Shoris-capricho, cuyo perfume original 
sirve para neutralizar el olor pronunciado de ciertas 
pieles. 

Las mujeres solteras deben escojer con preferen¬ 
cia el White-Rose. Un poco de Vervena no les senta¬ 
rá mal y pueden también usar el agua de Colonia bien 
concentrada, sin lo cual este perfume se evapora, de¬ 
jando á veces un olor fastidioso. El Cris de Italia es 
el perfume de la ropa blanca. Los guantes y el papel 
de cartas quedan muy bien con la piel de España, de 
que hemos hablado antes. 

Podríamos revelar otros secretos y dar otros conse¬ 
jos, pero preferimos confiar lo que no podemos decir 
á la delicadeza de nuestras lectoras. 

Los perfumes dan á la mujer un sello particular de 
distinción y de elegancia, pero no se debe abusar de 
ellos. Solo son una prueba de buen gusto cuando se 
revelan discretamente. 

MaDAME POLISSON 


puesta en escena después de Castora e Politice ya no 
tenían fuerzas los espectadores para reir. 

Recomiendo á VV. como muy agradables las noches 
del Politeama, y mucho mas ahora, que el público 
ameniza los intermedios lavando ofensas á bofetada 
limpia. 

Caliban 


Los lunes de Luisa, 
los martes de Amalia, 
los miércoles de Elia, 
los jueves de Marta, 
los viérnes de Julia, 
los sábados de Ana, 
y, en fin, los domingos, 
como no hay en casa 
m siquiera un hueco 
donde colocarlas, 
tengo que ocuparme, 
derramando lágrimas, 
en hacer pedazos 
todas esas cartas. 


Chimango 


Ocurrencias 


—¿Cómo serán los ángeles?—Un dia 
ocurrióme decir. 

Te vi después y dije:—Ya no hay duda, 
deben de ser asi. 


—¿Cómo será el demonio?—Cierto dia 
me ocurrió preguntar. 

Contigo me casé y hallé respuesta. 
¡Conocí á tu mama! 

Amado Castillo 


¿H donde vas? 


Hago esta pequeña crónica antes de empezarlas 
carreras, por exijirlo así la confección tipográfica del 
semanario. 

Supongo que habrá (hablo en sábado) bastante con¬ 
currencia en el paddock. Las carreras son interesantes, 
los premios crecidos, y se ha jugado regularmente. 

Mis pronósticos eran esta vez, los de la cátedra. 
Con ella triunfaré ó me fundiré con ella. Salvas dos 
carreras, las demás me parecen extraordinariamente 
claras. 

En el Premio Stud Latino, paréceme que el Stud 
Progreso volverá por sus ya olvidadas glorias, con 
Henitdero. 

Delfín debe ganar fácilmente el Premio Ecurie Lu¬ 
chadores. 

En el Premio Stud Nuevo, puede surgir una lucha 
sensacional en los últimos cien metros, entre Niño, 
Girondino, Tunante y Farsita. Corriéndose bien la car¬ 
rera, prefiero á Girondino, aunque su cobardía recono- 
r peligroso. 


—¿Dónde vas, niña hechicera, 
la de cuello nacarado, 
la de seno levantado, 
la de blonda cabellera, 
la de risa seductora, 
la de la cintura breve, 
la de manos cual la nieve, 
la del pelo cual la mora? 

¿Dónde vas, niña querida, 
con esos tus labios rojos? 

¿Dónde vas con esos ojos 
que dan y quitan la vida? 

¿Dónde vas, gentil palmera? 

Mi cielo, mi Dien, responde: 

¿á dónde vás, dime, á dónde? 

—Pues, hombre... ¡donde usté quiera! 

L. Silva 


Un cuento inocente 


(Mi tio, santo varón,—viéndome un dia llorar, 
—con objeto de calmar—¡Dios le premie! mi aflicción, 
—me colocó en su regazo,—¡unto á la mía su fren¬ 
te,—y me contó lo siguiente—después de darme un 
abrazo): 

—Cuando supo el Redentor—con sentimiento pro¬ 
fundo—que los negocios del mundo—cada vez iban 
peor,—deseando poner coto—á los desmanes grose¬ 
ros—de unos cuantos caballeros—sin vergüenza, voz 
ni voto,—que haciendo impúdico alarde—de insolente 
poderío—andaban hpehos un lío—llenos de ambición 
cobarde,—viviendo de la mancilla—y con la mayor 
franqueza,—rompiéndose la cabeza—por la cosa más 
sencilla,—llamó á San Pedro á su lado—y al punto le 
esplicó todo—para que buscase el modo—de evitar 
otro altercado.—San Pedro, que ya sabia—lo que en 
la tierra pasaba,—pues, sin querer le enteraba—cual¬ 
quier alma que subía—del afan de ciertos seres,— 
contestó, no sin trabajo:—«De las miserias de abajo 
—son culpables las mujeres—Ni hay más Cristo que 
su antojo,—ni más ley que su placer,—¡ni se encuen¬ 
tra una mujer—inocente ¡por un ojol—De manera que 
los buenos—constantemente me increpan,—porque no 
hago yo que sepan—todas ellas mucho menos.—pues 
han llegado á temer—que, siguiendo en su afán foco, 
—perderán poquito á poco—lo que no deben perder. 
—Quiero arreglar su existencia—y hacer de la tierra 
un cielo?—'¡¡Que vaya un ángel al suelo—á inocular 
la inocencia»—Cuando terminó el relato,—el Señor, 
es natural,—llamó á un angelito, el cual—se presento 
al poco rato.—Enteráronle ios dos—de lo que debía 
hacer—cuando viese á una mujer,—y el ángel le dijo 
á Dios—que no sabiendo bajar,—se exponía ¡pobre- 
cito!—á volar en lo infinito—sin poderlas encontrar. 
—A fuerza de mil razones—el ángel, antes reacio,— 
se prestó á hendir el espacio—en busca de otras re¬ 
giones.—Despidióse del Eterno,—tendió sus alr s... ¡y 
andando!—¡más le vió Luzbel volando—y se llevó al 
infierno!— 

Esto es lo que me contó.—¿Se fué el ángel de va¬ 
cío?—¿Inoculo á algunos seres?—No lo sé, creo que 
no,—no es mucho lo que confio...—¡Lo que sí sé es 
que mi tío—conocía a las mujeres—más que yo! 

Justino Velasco,_ 


cida lo hace un favorito muy t 

Venado es mi candidato para el Premio Ultramar. 
Aventurero robará el Premio Revancha. 

Y finalmente, Guerrillero debe hacer lo mismo en el 
Premio Stud Sarandi. 


J iy —- | Cornadillo, comedia de 

£ \k que es autor el notable 

artista Noveili, llevó al 
^ Politeama un numeroso 
público en la noche del Domingo. 

La obra, si no tiene las perfecciones que son 
exigióles para llamarse buena, sirvió de moti¬ 
vo á Noveili para la creación de un personaje, que es 
el protagonista, bien delineado é interesante. 

Noveili, á cuyo cargo estuvo la interpretación de 
Cornadillo, supo presentárnosle con todo el talento 
que en la dramático y lo cómico necesitaba emplear, 
para sostener el carácter de Gonzadillo, bufón en apa¬ 
riencia y personaje trájicoen realidad. 

El éxito de la comedia, fué el monologo que recitó 
Noveili. 

No puede darse mas graciosa naturalidad, ni mas 
corrección de gesto, de voz y de expresión. 

La señora Noveili en el papel de Margherita y la 
duquesa Gandía, se hicieron aprobar por toda la con¬ 
currencia. 

Orlandini, Pasquinelli y el que hizo de Duque de 
Lerma, obtuvieron también muchos aplausos. 

El mártes se representó el drama Monsieur Lecoq ó 
El crimen de Orcival , obra de Gaboriauy Barriere. 

Se sabia que Noveili descollaba mucho en esta 
obra y, en efecto, le ha servido su representación para 
alcanzar un nuevo triunfo. 

La comedia en 3 actos Castore e Polluce ó Los dos 
Mellizos, también fué muy celebrada por el público. 
En el juguete en un acto Receta contra las suegras, 


Hago saber, caballeros, 
por si no se han enterado, 
que aún no fueron al Senado 
los proyectos financieros; 
esto podrá pareceros 
algo desconsolador, 
pero no sufráis temor 
y dad á la suerte albricias 
pues para malas noticias 
cuando mas tarde, mejor. 


or el correo 


En timbres mi hacienda 
volando se marcha, 
pues todos los dias 
recibo una carta. 


© Biblioteca Nacional de España 










CARAS Y CARETAS 


127 


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Queridísimos lectores: 
estoy de coraje lleno, 
por no seguir hoy la historia 
de ese endemoniado perro, 
como el domingo anterior 
formalmente ofrecí hacerlo; 
pero ei señor Arreguine, 
que toma baza en el cuento, 
después de hacer el capítulo 
como les dije, (añadiendo 
que habia estado oportuno 
y muy feliz al hacerlo) 
so pretesto de poner 
algunos párrafos nuevos, 
se nos llevó las cuartillas 
para su casa, ofreciendo 
devolverlas á la imprenta 
en muy hrevísimo tiempo, 
y esta es la hora, señores, 
en que no las ha devuelto. 
Aunque el hecho es algo raro, 
yo me esplico bien el necho: 
Arreguine tiene novia 
y como el tiempo está bueno 
y la niña habrá salido 
por las tardes á paseo, 
Arreguine la ha seguido 
en vez de seguir al perro, 
y en esa persecución 
se dejó pasar el tiempo. 

¿Qué desear para ese hombre? 
Yo, la verdad, le deseo.... 

¡ qué se case, y sea tata 
de diez chiquillos, lo menos! 
Como castigo, ya tiene 
mas que bastante con eso. 

(En él número que viene 
habrá galgo ¡ lo prometo ! 


Asi mi tío decía 
por el amor trastornado: 

—Tengo mi amor empeñado 
en conseguir á María. 

Y al oirlo asegurar 
dijo Manuel á mi tio: 

—¡Donde estaría ya el mió 
si lo pudiera empeñar! 

Un Jefe superior de la milicia, 
que dió de bofetadas 
a un humilde empleado de Justicia, 
por, yo no sé que notas presentadas, 
sufrió el martes pasado un accidente, 
que amenazó su vida sériamente. 

Salía en libertad de la capia, 

(nombre con que la gente desvirtúa 

el que tiene el Cabildo) 

cuando un hombre llamado Hermenegildo, 

que un wagón del tranvía iba guiando, 

embistió con la lanza del carruaje 

al coche que ocupaba el persona¡e 

de cuya libertad estoy hablando. 

El General, por suerte, salió ileso, 

pero como causó asombro infinito, 

que no siguiera preso 

el General, después de su delito, 

comenta mucha gente, 

del coche y del tramvia el accidente, 

diciendo, con marcada picardía. 

que Dios nunca procede injustamente, 

y que intentó la lanza del tramvia, 

lo que no quiso hacer la policía. 


Julia nunca ha sabido 

colocarse las cintas del vestido, 

y aunque animada del mejor aeseo, 

todas las pone atrás ¡y eso es muy feo! 

En cambio Violante 

se las coloca todas adelante. 

¡Hay maneras distintas 
de ponerse las cintas! 


El Gobierno sigue dando 
muestras de inactividad, 
y las viudas ayunando, 
y sin oro la ciudad, 
y don Tránsito curando. 

¡Pero Dios mió, hasta cuando 
durará tu crueldad! 

• 

Dicen que Muro esta usando, 
una luz poco brillante, 
y es que debe estar pensando: 
«Para el queme este mirando, 
con esta luz es bastante». 

• 

• • 

—Un hombre de nuestro foro, 
que vive junto á mi casa, 
tuvo un duelo por un loro 
que apetecía una pasa. 

—¿Cuándo? 


—El domingo pasado. 

—¡Caramba! coincidió 
con otro que tuve yó. 

—¿También se ha desafiado? 

—No tal, amigo Severo, 

—¿Pues qué duelo fué, Rodrigo? 
—(fue se me murió un amigo 
que me prestaba dinero! 


LA FIESTA DE SAN RAMON 


Aunque llego muy cansado, 
y sudoroso y maltrecho, 
debo contarles el hecho, 
es decir, lo que ha pasado. 

Y como por culpa mia 
soy versista y nó escritor, 
haré el relato al lector 
en prosaica poesía. 

¡A escribir! no tengo exc.usa, 
y pues dicen: «tú lo puedes;» 
empiecen á oir ustedes 
los relinchos de mi musa. 

Disparamos del andén, 
en un wagón especial, 
donde no se iba muy mal 
pero tampoco muy bien. 

A mí me faltaba lúz 
y aire en el respiradero, 
y es que iba de compañero, 
con un dibujante Scnútz, 

hombre, muy chic y tres bien 
que mucho elogio merece, 
pero en lo gordo parece, 
sobrino de Chamberlén, 

Y por ser muy corpulento 
el citado personage, 

no dejaba en el carruaje 
circular á gusto el viento., 

La música militar 

sopló con fuerza hasta el fin, 

¡ni siquiera un cornetín 
oímos desafinar! 

Llegamos á Santa Rosa, 
y ¡viera usted que gentío! 
ni Tránsito, lector mió, 
junta tanta gente ociosa. 

Se hicieron brindis, saludos, 
brillantes disertaciones.... 

¿Por qué tendrá Canelones 
tantos diputados mudos? 

Cuando otra elección se haga, 
recuerden los electores, 
que en Santa Rosa hay señores, 
que hablan mejor que Usabiaga. 

El refresco concluyó, 
siguió el paseo triunfal 
y á la media hora cabal, 
estábamos en Casót. 

Allí vimos admirados, 
y hasta casi conmovidos 
muchos gauchos sorprendidos 
y canarios (no enjaulados). 

Temiendo que aquella gente, 
muriera de la emoción, 
dijimos: «¡A San Ramón! 
que el Santo estará impaciente.» 

Y silbó otra vez el tren, 
y salimos como bala, 
cruzando á través del Tala, 
que es un arroyo de ríen, 

donde hay piedras á millares, 
y una montaña muy,alta. 

Allí, el agua es lo que falta, 
lo mismo que al Manzanares. 

Y aquí entra la admiración, 
y el ruido y el alboroto; 
debo tener algo roto, 

¡ya estamos en San Ramón! 

Allí esperaba el vicario, 
con apostólica faz, 
en unión del Juez de Paz 
que hacía de Secretario. 


A estos seguia una banda, 
que sus aires hizo oir, 
sin que podamos decir 
que toca como Dios manda. 

Después fuimos á la plaza.... 
(haré la revista lista, 
porque si nó esta revista 
de no acabar tiene traza.) 

Vivas á la Comisión, 
al Ministro de Gobierno, 
al vicario, ¡al Padre Eterno! 
á Callorda, á San Ramón. 

Nos estamos hasta Enero, 
oyendo vivar la gente, 
si no dice el Presidente: 

«¡Se pasa al asao con cuero!» 



Y como en un santiamén, 
la gritería acabó, 
y todo el mundo tomó, 
casi por asalto el tren. 


¡Oh emanaciones felices! 
¡Oh céfiro bienhechor, 

a ue conduces el olor 
el asado á las narices! 


¿A que hablar deque comimos, 
y de que luego brindamos, 
y de que después bailamos 
y de que después dormimos? 

La noche de negro manto 
con esclavina estrellada, 
se arrojó precipitada, 
entre los brazos de! Santo. 


Causando extraño rubor, 
ai vicario que iba en coche, 
porqué temió que la noche, 
le hiciera al Santo el amor. 


Cada uno se fué á su nido, 

(quien lo pudo conseguir) 

y como ya he concluido, 

solo me resta decir.... 

que aquí estoy por que he venido, 

y escribo por escribir. 

Un Invitado 



Después de la firma puesta, 
decido incluir en ésta, 
un fuerte apretón de manos, 
para el doctor Castellanos, 
iniciador de la fiesta. 

Vale 



Do-re-mi-fá—San Gregorio de Rio Negro—Está con¬ 
fuso, y es que debe estarlo también su caletre. 

G. L.— Porongos—¡Caiga sobre el Correo todo el 
peso de su reclamación, ya que no pueda caer una cen¬ 
tella! 

C. A.—Nueva Palmira—jQué lia querido decir usted 
con todo eso? 

J. J. v.—San Salvador—Perdone que no pueda devol¬ 
verle el original. ¡Era un papel tan lino!.... 

Hache—Fray Bentos—Es Yd. menos escrupuloso que 
el Gobierno. 

V. R.—Id—Es tan cierto que se los mandé como que 
cincuenta y tres y dieciseis, son 69. 

Genovevo— Minas—Es vd. muy arrimado á la cola 
y le juro que no me ciega la pasión al decirlo. 

Tirabuzón — Montevideo—Con que poquito quiere 
Vd. sentar plaza de colaborador! 

B. B.—Id—Muy largo y muy malo. Se parece al ca¬ 
mino de Maroñas. 

Paquete— Id—Eso de «la modestia y la umildad» es 
orroroso. . . , 

Kataplan—Id—Pchs...! Creo que es darle mucho 
bombo eldecir que son medianos. 

Juan—Id- 

Tres eran tres 
de Juan los sonetos, 
tres eran tres 
ninguno era bueno. 

Z. Z. Z.—Su gracia y la cara de Dios están en Jaén. 
Por lo menos en Montevideo no están. 

Joehey— Id— 

En sus versos sportivos 
nos dice en resúmen, que 
no tenemos ya caballos? 

Pues no acierto á comprender 
como dice usté esas cosas 
estando presente usté 


ESPECTÁCULOS PARA HOY 


NUEVO POLITEAMA—Compañía Dramática Italiana, di¬ 
rigida por el Comm. Ermete Novelli'Amleto (príncipe 
di Danimarca)—Concluirá el espectáculo el juguete en 
un acto: La ¡posa e la cavaba—A tas S 1/2 en punto. 


© Biblioteca Nacional de España 








1 M^s 


Procurador y Rematador 

colon ncm. 148 

Procura y remata 
con habilidad; 
por eso es que tiene 
popularidad. 


Zabala IS4 

Llevó el martillo á Maeeo, 
en campaña provechosa 
y no les digo otra cosa, 
porque es bastante con eso. 


5 pesos por suscriclon 


Desde la princesa altiva 
á la que pesca en ruin barca 
todo, este libro, lo abarca. ' 
¿Habrá quien no se suscriba 
por el precio que se marca? 


Oficina: 18 de Julio 148 


© Biblioteca Nacional de España 


Buenos Aires frente á Solía 


Nunca dijerir podrá, 
con facilidad usté, 
sino toma del cafó 
que sirve el Tupl-Nambá. 


Para hacer un buen regalo 
vete á Sienra sin dudar, 
porque Sienra, en su Bazar, 
nunca tuvo nada malo. 


Fotografía Inglesa, 


Rincón 176 

Fotografía especial, 
en que se cópia á la gente 
tan perfectlslmamente, 
que parece natural. 


ZABALA ©5 


Si te dice un bebedor 
que en la casa de Orejuela 
no existe el vino mejor, 
le puedes decir, lector, 
que se lo cuente á su abuela 


íftylTIJO 


Bacacay 7 

Se pueden lograr tres fines 
en esta casa, lector: 
beber bien, fumar mejor, 
y lustrarse los botines. 


Mercedes (r, o.) 

Centro para suscriclon 
de diarios,—librería 
taller de encuadernación, 
y además papelería. 

¡Casi un Larousse en acción 


MARCOS ZAPATA 

DRAMATURGO ESPAÑOL 


CARICATURAS DE HERACLITO 


URUGUAY »» 


Su martillo ha demostrado 
que, de todos los que hay, 
es el mas afortunado, 

Í iues con él ha rematado 
a mitad del Uruguay. 


Peluquería 

J 18 OE JULIO NÚM. 5 
Nadie á pelar le aventaja, 
y afeitando es tan artista, 
que al filo de su navaja 
no hay pelo que se resista. 


ÉLUNiVersaI 


Calle Rincón 131 


Hace calzado á medida, 
á unos precios muy baratos 
y es la casa preferida, 
por ser la mejor surtida 
en botines y zapatos. 


9SEA.ÜA 


V 




& 




8ARANDI 347 


Bs 


s